Hacía mucho que no escribía. Es que hemos tenido bastantes visitas en casa, amigos de uno, amigos de otro, nueva compañera de piso... y entre unas cosas y otras no me he puesto a escribir.
Cuando la gente se empezó a dispersar y ya con algunas copas (no demasiadas), empecé a construir mi conversación filosófica con Eli, uno de los amigos de Pedro. Hablamos de la vida y del carácter efímero o eterno de las relaciones. ¿O debería decir de los sentimientos?
¿Y vosotros qué pensáis? ¿Existen los sentimientos eternos? ¿Infranqueables? ¿Puede haber relaciones que duren toda la vida y que nunca se apaguen? ¿O, por el contrario, creéis que los sentimientos tienen fecha de caducidad? ¿Que se gastan? ¿Que los sentimientos cambian con el tiempo y el amor pasional se queda en el olvido? ¿Creéis que las relaciones efímeras, aferradas al valor de lo imposible, ganarán siempre la carrera a lo fácil? ¿a lo posible? ¿a lo sencillamente bueno?
No tengo una respuesta, como a la mayoría de mis preguntas, pero tengo que admitir que no creo en el amor eterno sin obstáculos, en el sencillo amor eterno, en la costumbre de lo impasible y bueno. ¿Cuántas personas conocéis que lleven muchos años de su vida juntos (y cuando digo muchos años no digo 3 años) y que creáis que realmente se quieren a morir? ¿Que aún sienten verdadera pasión? Yo no conozco muchas.
Eli parecía estar bastante convencido de que ese amor existe. Me gustaría poder creerlo también.
Cuando empezó a anochecer la gente se empezó a ir hacia la zona de autobuses. CAOS absoluto.
Los autobuses eran los típicos autocares de las excursiones del colegio, pero casi todos eran privados. No había vallas para hacer filas, no había nadie que organizara a la gente... y todo eso unido a que la mayoría de la gente no sabía casi ni donde estaba, hizo que la situación fuera de mal en peor.
La gente intentaba comprar su plaza para subir a cualquier autobús y poder volver a Roma, pero muchos parecía que no lo conseguían. ¿Pero en qué piensa la gente? No te vas a un pueblo a una hora de Roma sin saber como vas a volver por la noche.
Después de un rato considerable intentando descubrir cuál era nuestro autobús, lo encontramos y empezó la vuelta a Roma. Nos quedamos dormidos y nos despertamos porque alguien estaba gritando por el auricular del autobús. ¿Pero qué coño pasa? No entendía nada. Me volví a dormir.
Después de otro rato (no sé exactamente si mucho o poco), me volví a despertar por los gritos. Había un montón de gente discutiendo, separando a dos tíos, uno diciéndole al otro que le iba a matar, el otro que tampoco se quedaba atrás en sus amenazas... y yo que seguía sin entender nada. Resulta que el motivo de la discusión parecía ser algo relacionado con unos 40 euros que sobraban o que le pertenecían, en teoría, no sé a quién de los dos.
El conductor advirtiendo por el micrófono (el que había gritado antes por el micrófono era un espontáneo) que así no podía conducir y que si la gente seguía así iba a parar y a llamar a la policía. La gente se calmaba un poco y al rato volvía a haber el mismo follón que antes. SURREALISTA.
Cuando bajamos del autobús se empezaron a pegar y, al final, ya no sé si la gente participaba o separaba. Había un amigo de Matteo que estaba por ahí en medio, así que él se quedó para intentar sacarlo de ahí. Alguien llamó a la policía y nosotros nos fuimos. Tenían la cara reventada.
Después nos contaron que unos militares les ataron y que llegaron como 10 coches de la policía. No sé cómo terminaría eso.
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