Tengo un Carrefour al lado de casa, así que después de conseguir el codice fiscale, emprendimos la difícil tarea de comprar (difícil porque soy la indecisión personificada). Me encuentro con la desagradable sorpresa de que las sopas (de las mismas marcas que en España) cuestan más de 2 euros. Sí, esas sopas que en España cuestan 49 céntimos. Además creo que tampoco venden fideos. Pero bueno, el resto de las cosas bastante asequibles, la verdad. No hay mucha diferencia con Madrid a la hora de hacer la compra, ¡incluso hay ron! Bacardi y Pampero, ¡pero algo es algo! :) Compramos dos cartones de vino de 79 céntimos para ocasiones de emergencia y comida para una semana. Hamburguesas, pasta, tomate, queso rayado (¡también super caro!), patatas, filetes, cereales, leche, bollitos, helados, yogures... vamos, lo normal. Aunque cabe decir que tardamos dos horas en hacer la compra jeje. Después, pensamos que iba a ser imposible llevar todas esas bolsas entre los dos hasta mi casa (que no está muy lejos, pero eran demasiadas bolsas), así que decidimos llevarnos el carro. ¡Incluso cabía en el ascensor! Así que lo metimos en la habitación y pensamos en llevarlo el sábado, pero como nevó, aún sigue aquí a día de hoy. Mi primer robo en italia.
Todo esto fue el viernes. ¿Y lo de ir a la uni? No pude ir porque como había "alerta por nieve" cerraron todas las universidades. Sí, por lo visto la semana anterior se armó un caos monumental cuando nevó tanto y esta vez querían evitarlo de alguna forma. Durante dos días el tema de la nieve fue un tema en boca de todos. Daba igual con qué personas estuvieses, te iban a hablar de la nieve ¡seguro!, es como si fuese una catástrofe natural o algo así. "Guarda che domani sera nevica", "non so se usciamo, forse nevica", è d'obbligo mettere le catene per la macchina".
El primer día fue un poco de risa porque al final prácticamente ni nevó, pero el sábado nevó mucho, la verdad. Fer y yo, como inexpertos jeje, creíamos que existía una posibilidad de que fuéramos a una discoteca, así nos vestimos relativamente bien (simplemente no parecía que íbamos a esquiar), así morimos de hipotermia todo el día.
Fuimos al centro porque Fer aún no había visto el Pantheon, pero yo no me acordaba bien de cómo llegar, así que nos bajamos en la parada que hay en Piazza del Popolo para comer por allí. Comimos en el Burger King (que por cierto es más barato que en España) y estuvimos viendo algunas cosillas que había por allí del carnaval romano. Después fuimos a vía del corso y desde allí pretendía reubicarme para encontrar el Pantheon, pero parece ser que mi cerebro se había congelado igual que mis pies, que por cierto estaban como una sopa. Así que nos dimos una vuelta de más de una hora por Piazza Spagna, Fontana di Trevi y calle de alrededor.
Fer quería comprar un libro en italiano, así que fuimos al centro comercial que hay en vía del corso para ir a Fertrinelli (un sitio tipo Fnac super grande). Estuvimos como una hora también dentro (debe ser que la indecisión se le ha pegado también a Fer) y mirando en unas guías de Roma por fin encontré donde estaba el Pantheon. Estaba al otro lado de vía del corso. Fer se decidió por un libro que se llama "Storia di Roma", escrito por Indro Montanelli, un periodista que, por los comentarios de la gente italiana que después vio el libro, debe ser bastante conocido y reconocido. "Hai fatto una buona scelta Fer". Complimenti Fer, has hecho una buena elección.
Al salir del centro comercial y con la información en mano, fuimos hacia el Pantheon, pero, obviamente por causa de nieve, estaba cerrado, así que nos conformamos con verlo por fuera. Ahí cerca está la que hasta ahora me parece la mejor heladería de Roma, pero incluso para mi (amante de los helados hasta la locura) hacía demasiado frío. Nos llamó Andrea por si íbamos un rato a su barrio con algunos que iban a bajar y tomamos rumbo al metro. Pensamos que el metro más cercano sería Barberini, porque debajo está escrito con letras más pequeñas "Fontana di Trevi", pero de metro de la Fontana di Trevi no tiene nada, está bastante lejos. Ya era un poco tarde y aún no habíamos cenado, así que le preguntamos a una chica que donde estaba la parada de metro (después de que Fer me hiciera preguntar otras ocho mil veces a lo largo del día) y casualmente ella iba para allá. Iba con bastante prisa, así que la seguimos con algunas dificultades, pero al final llegamos. Tuvimos que dejar pasar DOS METROS porque había tanta gente que no cabíamos. Otra vez culpa de la nieve, supongo. De todos modos me cabrea la ineficiencia de la organización de Roma. Si vas a prohibir que los coches salgan sin cadenas en una ciudad en la que la mayoría de la gente viaja en coche y en la que casi nunca nieva y, por lo tanto, la gente no tiene cadenas, establece al menos un servicio más rápido de metro y no pongas un tren cada cinco minutos en hora punta. Esta situación se agrava si tenemos en cuenta que muchísimos de los autobuses tampoco pasaban a causa de la nieve. En fin, conseguimos coger el tercer metro y llegamos a nuestro destino: Ponte Mammolo.
Resulta que allí hay una parada en la que paran un montón de autobuses, incluido uno que va a mi casa, que está en Cinecittá. Espero no olvidarlo. Fuimos a comer una pizza BUENÍSIMA (margherita con prosciutto) cerca del liceo y después fuimos al Frustone, o algo así. Lo he oído mil veces y aún no sé bien cómo se escribe. Otra vez hipotermia profunda. Sólo ellos se quedan en la calle con este frío polar. Así que decidimos que era la hora de comprar nuestra propia Mery (20 euros entre Fer, yo y Alessandro). Entre buenas conversaciones y conversaciones de besugos se fue pasando el tiempo y, después de un intento de Panfo de hacer una guerra de bolas de nieve, no sé cómo terminé improvisando un curso de iniciación al español, incluso con gente que no conocía. Un rato genial.
Volvimos andando a casa de Andrea para coger el coche (ya que nos iba a llevar a casa) y nos pareció el camino más largo de la historia. Creo que estábamos demasiado high. De hecho, Fer llegó a creer que nos estaban llevando hasta mi casa andando. Mantuvimos una conversación mientras reíamos a punto de morir y por fin llegamos a nuestro destino.
Fer decidió que estaba demasiado cansado para esperar a que terminase de escribir mi entrada del blog así que se tumbo en la cama y cayó como si se hubiera muerto (después de comernos 4 barritas Kinder cada uno). Casi ni me había dejado espacio para dormir (es una cama de 80), así que intenté hablarle pero el demonio del sueño le había poseído. A domani Fer.
 |
| el carro del carrefour |