sábado, 12 de mayo de 2012

Il giorno della liberazione italiana

El 25 de abril se celebra en Italia el día de la liberación italiana. Este día representa el fin de la ocupación nazi-fascista (25/04/1945), y desde el 1946 es considerada fiesta nacional.

Saber cómo se toman los días festivos los italianos me parece un hecho curioso y digno de comentar. Lo normal en Madrid (y digo Madrid porque otros españoles que conozco de otros sitios sí las celebran) es que los días festivos no se celebren. Quiero decir que la gente no va a la universidad, al instituto o al trabajo, pero no organizan nada especial y, en muchos casos, ni siquiera recordamos por qué es fiesta. En cambio, en Italia la gente se reúne, organiza barbacoas, comidas entre los amigos... el día festivo cobra muchísimo más sentido, porque realmente es un día para desconectar y hacer cosas diferentes y no simplemente estar tirado todo el día en el sofá.

Pues este famoso día de la liberación elegí el plan de ir a la playa con Daniele, Andrea y sus amigos de la universidad. Dormí en casa de Andrea el día anterior porque nos teníamos que levantar muy pronto, había que ahorrar tiempo de sueño. Fuimos a un sitio al norte de roma, creo; y nos hizo bastante buen tiempo. Alguien se había encargado de hacer toda la compra y cada uno había traído cosas hechas de casa: pasta fredda (que sería más o menos nuestra ensalada de pasta), pasteles y bollos desconocidos para mí. Andrea se había llevado una especie de plancha eléctrica e hicieron ahí un montón de salchichas para comerlas con pan tostado que nunca se acabaron.

Y por un momento pensé: "vale, se reúnen y hacen cosas diferentes pero, ¿de verdad recuerdan por qué es la fiesta?". Por supuesto que sí. Apenas comenzamos a comer ya estaban proponiendo brindis por la liberación italiana, y, además, con bastante entusiasmo. Fue algo muy extraño para mí. Me imaginaba a todos mis amigos en casa de Ray un día festivo brindando por, yo qué sé, el día en que murió Franco, y no podía llegar a pensar que fuese algo real, me venían ganas de reír. Pero, a fin de cuentas, supongo que esta costumbre es algo genial.

Me quedé dormida haciendo culto a la siesta como buena española, pero se me olvidó quitarme las gafas y el sol hizo su trabajo en mi cara. Nariz, mofletes y frente rojos como un tomate. Zona de las gafas = intacta. Estaba hecha todo un cuadro, pero a quién le importaba... En realidad, como dice Pedro, siempre hay que quemarse una, o varias veces, antes de poder ponerte moreno.

Cuando casi nos íbamos a ir recibí una llamada de Tommaso. Andrea y yo nos echamos a reír, estaba borracho, muy borracho. Decía que venía a mi casa a cenar, pero yo no tenía absolutamente nada en el frigorífico. De hecho, creo que es el día en el que más eco ha hecho mi nevera. NADA. Sólo sprite, ron, vino, un par de huevos y poco más con lo que, obviamente, no se podía dar de cenar ni siquiera a una persona. Así que bajamos al Pizza Pollo (Tommaso, Pedro, Davide y yo) y nos pedimos algunas cosillas. Otra vez me he pedido este kebap de mierda. ¿Pero cuando voy a asumir que el kebap del Pizza Pollo (y, en general, cualquier kebap de italia) no es como mi querido kebap de la esquina de mi casa en Alcorcón? Tengo que asumirlo YA. No me gustan los kebaps de pollo y en ese kebap no hay de ternera o de cordero. Cada vez que doy el primer bocado es una decepción segura. Además, tienen unas pizzas y unos supplis (una especie de bola de arroz empanada con tomate y corazón de mozzarella) maravillosos, ¿por qué me empeño en comerme un maldito kebap?

Volvimos a mi casa, botellas de vino en mano y empezamos a beber en la cocina. Llegó un punto en el que las dos botellas "de calidad" que habían traído ellos se habían agotado, así que pasamos al vino "la buona vendemmia" de mi nevera, 89 céntimos el litro en el Carrefour. Vamos, una mierda. Pero para hacer el típico calimocho español todo vale. ¿Todo vale? Sí, todo vale, porque no teníamos ni Coca-cola. ¿Pepsi? ¿Pero a qué punto estoy llegando en este país? Supongo que la razón es el precio desorbitado que tiene la Coca-cola en Italia (1,89€ 1,5 litros en el Carrefour) frente al precio medio razonable de la Pepsi (1,50€ 2 litros). ¿Pero qué pasa? ¿Es que nadie bebe Coca-cola en Italia? Deberían hacer una revolución por esto.

La noche se nos fue de las manos y terminamos inflando mi colchón inchable y tumbándonos todos allí mientras veíamos una película (The doors) y, algunos, seguíamos bebiendo. Después los recuerdos empiezan a ser un poco difusos, no recuerdo el final de la película.