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sábado, 11 de febrero de 2012

Codice fiscale

Lo primero que te piden para hacer cualquier trámite en Roma es el codice fiscale. Sería algo así como tu documentación aquí. Vamos, un número que te identifica y te relaciona con tu DNI español. Pedro nos había explicado como llegar a un sitio donde hacer las fotocopias del DNI, cómo llegar a la universidad, como llegar a una calle principal, como llegar al metro y como llegar al sitio donde teníamos que hacer el codice fiscale, pero debe ser que fue demasiada información porque nos perdimos. Cuando casi habíamos desistido (y de hecho habíamos ido a comernos un poco de pizza al taglio), decidimos dar una vuelta por lo que parecía ser un centro comercial y por casualidad pasamos delante de la oficina, pero ya estaba cerrada. Así que miramos el horario y abría de nuevo de 14:15 a 15:35. ¿De 14:15 a 15:35? Para esa mierda que no cierren una hora y media para comer y que lo hagan todo seguido, porque eso no puede llamarse "horario de tarde". Llegamos a la puerta, donde tenías que esperar delante de un vigilante hasta que él te cediera el paso para coger los números de la sala de espera. Nadie tiene ni puñetera idea de lo que es hacer una fila. Todos están contra la puerta aglutinados como si estuvieran regalando los gorros de las fiestas patronales. ¿Es posible? Sí, en Roma si. Parece que es algo muy normal.  Cuando por fin entramos, me paro un segundo a preguntarle una cosa al señor y se me cuelan cinco personas como si nada. El vigilante también los ve, pero nadie dice nada, todo muy cómico y estresante a la vez. Resulta que había una pantalla en la sala de espera, en la que además de hacer publicidad contra la evasión de impuestos, decían que cuando llegase la hora del cierre los números que no hubieran sido nombrados, ya no serían admitidos. Me quedaban 20 números y 45 minutos para llegar a tiempo. Al principio sólo atiende una mesa, después pasan a atender dos mesas y va mucho más rápido. De repente, uno de los dos se levanta de la mesa, se apoya en la mesa de información principal y se pone a hablar TRANQUILAMENTE con los que estaban allí. Cuando quedaban 5 minutos para las 15:35 dice el número que iba antes de mi, el 91. "Mierda, solo quedan cinco minutos, nos vamos a quedar a las puertas", dijo Fer. Pero al final tuvimos suerte y el que fuese el 91 se cansó mucho antes de esperar o creía que no iba a llegar su turno, así que no estaba. Dos minutos de estrés pensando que el que estaba atendiendo se iba a tomar esos últimos minutos como descanso, y finalmente dicen mi número, el 92. Bueno, por fin conseguí el dichoso codice fiscale.

viernes, 10 de febrero de 2012

La llegada a Roma. ESTRÉS MÁXIMO.

Salimos tarde de casa, para variar, estresados. Además estaba nerviosa porque no sabía si las maletas iban a pesar 40 Kg o más. Nos ponemos a la cola. 40,5 Kg. Por los pelos! Ya que habíamos pasado este momento de estrés, pasamos por el detector de metales y nos subimos al avión. Despegamos con retraso. Llegamos, obviamente, también con retraso. Esperamos las maletas 1 hora y cuarto porque las habían perdido. Cuando descubrieron que nos las han puesto en otra cinta que no era la nuestra, en lugar de decirnos en qué cinta estaban y que fuéramos a buscarlas, nos dicen que esperemos 15 minutos MÁS y que nos las traen a nuestra cinta. Conseguimos por fin las maletas. Se nos va el tren en la cara (un tren que además cuesta 8 euros por persona). Esperamos media hora rodeados de lo que ya podrían calificarse como vagabundos yonkies pasados. Hablamos con ellos sobre "lo mucho que ha nevado y lo mucho que va a nevar" (tema muy frecuente en Roma estos días) y por fin cogemos el tren. 45 minutos hasta que por fin llegamos a la estación "Tiburtina". Pensábamos que íbamos a tener que coger el metro para llegar hasta Cinecittà y después caminar 10 minutos hasta mi casa (arrastrando una de las maletas a la que se le habían roto las ruedas). Al final nos vienen a buscar en coche Andrea, Valerio, Tommaso, Panfo... vamos a comer una pizza, cerveza para Fer en un irlandés, un may y crepes de nutella con nata y smarties. Primer día, primeras calorías. Llegamos a casa de un vuelo que debería haber llegado a las 19:35 a las 01:20. Conocemos a mi compañero de piso, Pedro, y a tres amigos suyos, todos super simpáticos. Estuvimos tomando algo con ellos aquí en casa y a dormir.